Este es uno de los puntos clave, pero paradójicamente, es el más difícil. Ya que, aunque debe describir el concepto de la marca, lo tiene que hacer de manera muy sutil, sin elementos decorativos superficiales, pues éstos solo estropearán la comunicación de la marca. Además, los logotipos sencillos son más fáciles de entender y recordar.
Debe ser completamente diferente al de otras marcas. Aquí es donde sobresale la creatividad y la sana competencia.
Un logotipo perfecto será correctamente legible en cualquier tamaño y adaptable a cualquier formato; recuerda que éste puede ir en artículos tan pequeños como un lapicero o en cosas tan grandes como un espectacular o quizá un avión.
Debe captar la atención y ser recordado por la gente.
No importa la moda, tendencia o cambio de época; debe ser atemporal.
Debe ser atractivo y afín para el mercado; por ello es sumamente importante conocer tu target, de lo contrario no se identificarán con la marca.
El logotipo debe estar creado con calidad, reticulado, con las terminaciones correctas y con un previo análisis técnico para su funcionamiento; un logotipo profesional transmite la solidez y responsabilidad de una marca hacia su consumidor.
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